Uma noite em Buenos Aires. Uma memória argentina de Paulo Freire

Carlos Rodrigues Brandão

Era o ano de 1985. Estávamos, um pequeno grupo do CEAAL – Conselho de Educação de Adultos da América Latina-, reunidos no Hotel Bauen em Buenos Aires. Havíamos vindo para preparar a presença do CEAAL na grande Conferência Internacional de Educação de Adultos, patrocinada pela UNESCO, em novembro, na mesma Buenos Aires Paulo era então presidente de honra do CEAAL e se dispôs a vir estar conosco.

 

No segundo dia de reuniões foi anunciada em nossa pequena sala de trabalhos a presença de uma “comissão de educadores argentinos”. Eles se apresentaram a Pancho Vio Gossi, que nos coordenava e disseram que haviam sabido da presença de Paulo Freire na cidade e vinham convidá-lo a uma conferência naquela mesma noite.

 

Tomado de surpresa, Paulo Freire em um primeiro momento recusou, afirmando que havia vindo apenas para a reunião preparatória e não estava pronto (e nem disposto) para uma conferência. Os argentinos ficaram muito assustados. Sem nos avisar, e certo da aceitação de Paulo, haviam já anunciado a palestra para aquela noite no Teatro San Martin.

 

Pancho Vio Grossi veio em meu socorro. E então cometi uma pequena mentira. Disse a Paulo que não era propriamente uma “grande conferência”, mas um fraterno encontro com alguns educadores da Argentina. Paulo me ouviu e concordou.

 

Espantou-se quando chegamos ao local e viu que havia ali uma pequena multidão à espera de entrar no Teatro San Martin. Seriam cerca de 3000 pessoas.

 

E os argentinos haviam armado toda uma solenidade, inclusive com a presença de Adolfo Perez Esquivel, recém-ganhador do Prêmio Nobel da Paz.

 

Fomos levados por uma porta de trás a um grande camarim e, logo depois, a um imenso palco. Havia apenas uma grande mesa com lugar em linha para mais de dez pessoas.

 

Isabel Hernandez, a coordenadora do evento em breves palavras nos deu conta de como estava previsto o cerimonial: um encontro com Paulo Freire em Buenos Aires treze anos depois. A cada um de nós seriam dados cinco minutos para uma breve fala. E então a conferência de Paulo Freire.

 

Sentado ao meu lado ele nos ouvia. Vi que não havia trazido livro ou escrito pronto algum. Em uma folha de papel dessas boas para pequenos recados vi eu ele ia escrevendo, uma sob a outra, apenas umas dez palavras.

 

Depois que todos falaram foi dada a ele a palavra. Paulo anunciou que para não falar mais do que as outras pessoas, diria apenas uma mensagem de não mais do que cinco minutos.

 

Não sei se foi um “oh” pronunciado por não sei quantas mil vozes que o levou a pronunciar a palestra que em espanhol transcrevo abaixo. Ela foi dita por Paulo em Português. Foi logo após publicada em um livrinho mimeografado pelo CEAAL. Circulou mais tarde pela internet como a conferência de Paulo Freire na sessão de abertura da grande Conferência, em novembro. Um engano evidente, pois ele termina a sua fala no San Martin anunciando que voltaria a Buenos Aires em novembro, para a Conferência.

 

Às vezes desconfio que algo desta fala inesperada, e mais o diálogo posterior com pessoas do Instituto Paulo Freire, notadamente Ângela Antunes, terão saído as ideias germinais do Pedagogia da Autonomia. Ei-la.

 

PAULO FREIRE EN BUENOS AIRES

 

Charla de Paulo Freire a educadoras/es de Argentina, en el Teatro San Martín, com motivo de la pequena reunión de dirigentes para preparar la participación CEAAL en la Asamblea Mundial de Adultos

Noviembre de 1985[1]

 

Traducción: Carlos Rodrigues Brandão

 

Queridas amigas y queridos amigos de Buenos Aires

 

Me gustaría realmente esta noche decir nada más que palabras de saludo y de afecto, pero probablemente a algunos de Uds. les gustaría que yo dijera algo sobre la especificidad de la lucha política-educativa y de la teoría y la práctica educativa. Voy a intentar hacer las dos cosas, integrando obviamente la afectividad de ciertos recuerdos que me son muy gratos.

 

Buenos Aires

 

Quisiera volver a recuerdos de mi infancia, a etapas que llamaría de alienación de la niñez.

 

Nací en el Nordeste de Brasil, una de las más dramáticas regiones del mundo. En Recife hace tanto calor que cuando hay 16° los recifenses se ponen pullover ¡Imagínense ustedes!

 

Lo más impresionante de este “niño recifense”, que hoy tiene 63 años y que se sigue sintiendo joven es que tenía un enamoramiento natural por algunas ciudades cuyos nombres sólo conocía a través de las clases de geografía:  Amsterdam, Londres y Buenos Aires.

Por empezar, las quería por el propio nombre, Buenos Aires. Si lo tradujéramos al portugués, perdería completamente su carácter. Bons Ares, no tiene nada que ver con Buenos Aires.

 

Acaricié por mucho tiempo el placer de conocer la tierra de Buenos Aires no precisamente para besarla... sino para sentirla, para amarla.

 

Cuando vivía en Chile, no podía visitar Argentina porque tenía prohibido absolutamente ingresar al país, hasta que cambió el gobierno y pude venir.

 

Un día recibí una primera invitación para materializar el viejo sueño. Luchaba conmigo mismo porque me impacientaba por saber si podría ver, con el corazón abierto, Buenos Aires y así confirmar las aspiraciones de niño y poder entregarme a esta ciudad. La invitación fue hecha por una persona, para mi es una cuestión de honor mencionarla aquí, en público. Él era ministro de educación en aquella época, el Dr. Taina[2] (aplausos). Uds. no pueden imaginar el alboroto que se produjo dentro de mí con esta invitación. Parecía como si fuera un adolescente preparándose para el primer encuentro de amor.

 

Tangos

 

Recuerdo que puse algunas condiciones para aceptar la invitación, con mucho miedo de que no fueran a aceptarlas porque significaría castigarme a mí mismo. Pero decidí correr el riesgo. La primera de ellas era que, aunque tuviera mucho trabajo, yo tendría una noche de tangos. Así, pasé una noche maravillosa en el "Viejo Almacén". Los tangos también me acompañan desde mi niñez.

 

Quiero que me perdonen mis amigos latinoamericanos, pero para mí, la manera más bonita de hablar castellano es la argentina.

 

La segunda condición era evitar dar conferencias públicas y la tercera, trabajar intensamente con grupos populares.

El Ministro cumplió todas las exigencias y recuerdo que una de las reuniones fue con los rectores de las Universidades donde me quedó la impresión de que yo era el abuelo de ellos. Eran jóvenes en su gran mayoría,

Lo cual era una cosa un poco extraña. Era como que empezaban a hacer una revolución en la superestructura.

 

Me acuerdo que me reuní con una cantidad grande de jóvenes de la época, algunos de los cuales quizás hayan desaparecido en esas noches tremendas de la violencia que ha sufrido América Latina. Ahora recuerdo con respeto, con "saudade" (que es una palabra más fuerte que nostalgia) y con admiración el trabajo hermoso que pude hacer aquí con muchos de Uds.

 

 ¿Qué es preguntar?

 

Recuerdo una visita a un área popular de Buenos Aires, en la que un hombre me hizo una pregunta fundamental. Cuando llegué al grupo que me esperaba les dije que en vez de una charla, les proponía una conversación, en la que me preguntasen y yo respondiera. Hubo un silencio y uno de ellos, que no sé si vive, miró y me dijo: “muy bien que Ud. no quiera hacer un discurso. Yo tengo una primera pregunta.”

 

Yo le dije: “muy bien.”

Él me dijo: “profesor, ¿qué es preguntar?”

 

Creo que es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta, porque lo que siempre estamos escuchando es una pedagogía de la contestación, de la respuesta. De manera general, los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho.

 

En aquellos días conocí mucha gente y tuve conversaciones con el Dr. Taiana y otros intelectuales que conocí personalmente, aunque ya los conocía por sus trabajos. Recuerdo a uno de ellos, el profesor Puiggrós (aplausos), en cuya casa estuve y con quien estuve animosamente tres horas conversando, una impresión que no olvido por su seriedad intelectual y Ia profundidad de su análisis. Hago un homenaje esta noche al Prof. Puiggrós, que ya murió.

 

Los libros quemados

 

Esta noche confirmo mi amistad y solidaridad con Buenos Aires y Argentina, que es la misma que tuve cuando supe que mis libros habían sido sacados de librerías y bibliotecas de este país para ser quemados. Incluso recibí recortes de periódicos en que comunicaban la noticia de la prohibición oficial de mis libros en Argentina. Cuando una hija nuestra nos mandó este artículo a Ginebra, yo le dije a Elsa, mi mujer: "esto termina por convencerme que soy realmente peligroso".

 

Virtudes críticas de la educadora o del educador

 

Ahora, después de estas palabras afectuosas, quisiera decir algunas cosas que tienen que ver con la "salvación" de la democracia, por más incompleta que sea, tanto aquí como en mi país.

 

Me gustaría hablar de un tema, que como educador me preocupa mucho a nivel práctico y teórico. Es el tema que acostumbro llamar: "reflexión crítica sobre virtudes de la educadora o del educador"; vistas no como algo con lo cual uno nace, es decir, no como un regalo que uno recibe, sino como una forma de ser, de encarar, de comportarse, de comprender; forma que se crea a través de la práctica científica y política, en búsqueda de la transformación de la sociedad injusta. No es una cualidad abstracta, que existe antes que nosotros, sino que se crea con nosotros (y no individualmente).

 

Estas no son virtudes de cualquier educador, sino de aquellos que están comprometidos políticamente con la transformación de la sociedad injusta, para crear social e históricamente una sociedad menos injusta.

 

A mí no me interesa estudiar las virtudes de los educadores reaccionarios ¡Que lo hagan ellos!

 

Coherencia

 

La primera virtud o cualidad que me gustaría subrayar, que no es fácil de ser creada, es la virtud de la coherencia entre el discurso que se habla y que anuncia la opción y la práctica que debería estar confirmando el discurso.

 

Esta virtud enfatiza la necesidad de disminuir la distancia entre el discurso y la práctica. Cuando me refiero a esta virtud al nivel más grande de la lucha política en Brasil, digo que hay que disminuir la distancia entre el discurso del candidato y la práctica del que resulta elegido, de tal manera que en algún momento la práctica sea el discurso y el discurso sea práctica. Obviamente que en este intento de coherencia, es necesario señalar, en primer lugar, que no es posible alcanzar la coherencia absoluta y que, en segundo lugar, ello sería un fastidio. Imagínense Uds. que uno viviera de tal manera una coherencia, que no tuviera la posibilidad de comprender lo que es ser coherente porque ¡sólo se es coherente! Entonces no se sabe lo que es (risas). Yo necesito ser incoherente para transformarme en coherente.

 

No es posible un discurso de liberación, por un lado; y, por otro, revelar una profunda desconfianza en las masas.

 

Hay, sin embargo, un mínimo tolerado para la incoherencia. Yo no puedo a mi juicio, proclamar mi opción por una sociedad socialista, participativa, en la cual al final las clases trabajadoras asuman la historia en sus manos; y al mismo tiempo rechazar a un alumno que tiene una visión crítica de mí; preguntándole: ¿Ud. sabe quién soy yo?

 

Para mí no es posible hacer un discurso sobre la liberación y revelar mi comportamiento con una profunda desconfianza en las masas populares. No es posible hablar de participación democrática y, cuando las masas llegan a la plaza y pretenden hablar, decir. "llegó el pueblo y va a echar a perder la democracia".

 

Por esta razón, la virtud de la coherencia es una virtud liberadora. Ella va desdoblándose y contestando las demandas que la práctica va planteando.

 

La palabra y el silencio

 

Otra virtud que emerge de la experiencia responsable, es la virtud de aprender a lidiar con la tensión entre la palabra y el silencio. Esta es una gran virtud que los educadores tenemos que crear entre nosotros. ¿Qué quiero decir con esto? Se trata de trabajar esta tensión permanente que se crea entre la palabra del educador y el silencio del educando, entre la palabra de los educandos y el silencio del profesor. Si uno no trabaja bien esta tensión, puede que su palabra termine por sugerir el silencio permanente de los educandos. Si yo no sé escuchar y no doy el testimonio a los educandos de la palabra verdadera a través de exponerme a la palabra de ellos, termino discurseando "para". Hablar y discursear "para" termina siempre en hablar "sobre", que necesariamente significa "contra".

 

Vivir apasionadamente la palabra y el silencio, significa hablar "con", ' para que los educandos también hablen "con". En el fondo ellos tienen que asumirse también como sujetos del discurso. Y no como respiradores del discurso o de la palabra del profesor. Es difícil, lo reconozco, porque no hay nada fácil. Hablo de educador y educadora popular aunque no asumo todavía la valentía de enfrentar la sintaxis machista de nuestras lenguas, que implicaría entender a las mujeres dentro del concepto de educadores. Yo no puedo comprender, como educador que no se haya incluido en la introducción del pensamiento revolucionario la idea de machismo. Elsa es mi mujer, yo soy el hombre de ella; ella es mi polola, mi amante y es la abuela de mis nietos. Hace 41 años que hicimos un acuerdo extraordinario.

 

Vivir esta experiencia de la tensión no es fácil, demanda mucho de nosotros. Hay que aprender algunas cuestiones básicas como estas, por ejemplo: no hay pregunta tonta, ni tampoco hay respuesta definitiva. La necesidad de preguntar es parte de la naturaleza del hombre. El orden animal fue dominando el mundo y haciéndose hombre y mujer sobre la base de preguntar y preguntarse. Es preciso que el educador testimonie en los educandos el gusto por la pregunta y el respeto a la pregunta. En los seminarios de educación popular, uno de los temas fundamentales, introductorios debe ser una reflexión sobre la pregunta. La pregunta es fundamental, engarzada en la práctica.

 

No hay pregunta tonta, ni respuesta definitiva

 

A veces, por ejemplo, el educador percibe en una clase que los alumnos no quieren correr el riesgo de preguntar, exactamente porque a veces temen a sus propios compañeros. Yo no tengo dudas, sin pretender que esto sea algo en favor del psicologismo que es una cosa horrible, es decir que a veces cuando los compañeros se burlan de una pregunta, lo hacen como una forma de escaparse de la situación dramática de no poder preguntar, de no poder afirmar una pregunta.

 

A veces el propio profesor, frente a la pregunta que no viene bien organizada, dibuja una sonrisa, de estas que todo el mundo sabe qué significa por su manera especial de sonreír. Añadiendo a esa sonrisa algo así como: "estoy un poco mal, pregúntame después".

 

No es posible este modo de comportarse porque conduce al silencio. Es una forma de castrar la curiosidad, sin la cual, no hay creatividad. Esta es otra virtud que me parece porfiadamente importante.

 

Subjetividad y objetividad

 

Otra virtud que es un poco complicada desde el punto de vista filosófico es la de trabajar en forma crítica la tensión entre subjetividad y objetividad, entre conciencia y mundo, entre práctica y teoría, entre ser social y conciencia.

 

Es difícil definir esta tensión porque es un tema que acompaña toda la historia del pensamiento pedagógico. Es difícil porque ninguno de nosotros escapa, andando por las calles de la historia, de sentir la tentación de minimizar la objetividad y reducirla al poder — que entonces se hace mágico — de la subjetividad todopoderosa. Entonces se dice que la subjetividad arbitrariamente crea lo concreto, crea la objetividad. No hay que transformar el mundo, la realidad, sin transformar las conciencias de las personas. Ese es uno de los mitos en que miles de cristianos han caído: primero se transforma el corazón de las personas y cuando se tenga una humanidad bella; llena de seres angelicales entonces esta humanidad hace una revolución que es divina también (aplausos). Esto simplemente no existe, jamás existió. La subjetividad cambia en el proceso de cambio de la objetividad. Yo me transformo al transformar. Yo soy hecho por la historia al hacerla (y no sólo yo tengo ese privilegio).

 

El otro equívoco que está en esta tensión es el de reducir la subjetividad a un puro reflejo de la objetividad. Entonces esta ingenuidad, que es una forma positivista muy grosera de entender a Marx, asume que sólo debe transformarse la objetividad para que al día siguiente cambie la subjetividad. No es así, porque los procesos son dialécticos, contradictorios, son procesales.

 

Autocrítica

 

Cuando leo “concientización", palabra que nunca más usé desde 1972, la impresión que tengo es que el proceso de profundización de la toma de conciencia aparecía en ciertos momentos de mi práctica (por ciertas razones socio-históricas) como algo subjetivo; a veces uno es criticado por críticos que no comprenden el tiempo histórico del criticado, lo cual no es justo.

 

Me autocritiqué cuando vi que parecía que pensaba que la percepción crítica de la realidad significaba su transformación. Esto es idealismo Superé esas faces, esos momentos, esas travesías por las calles de la historia en que fui picado por el psicologismo o por el subjetivismo.

 

Aquí y ahora

 

Otra virtud del educador, educadora, es no sólo comprender sino vivir la tensión entre el aquí y el ahora del educador y el aquí y el ahora de los educandos. Porque en la medida en que yo comprendo esta relación entre "mi aquí" y "el aquí" de los educandos es que empiezo a descubrir que mi "aquí" es el "allá" de Ios educandos. No hay "allá" sin "aquí", lo cual es obvio. Sólo reconozco que hay un "aquí" porque hay algo diferente que es el "allá", y que me dice que "aquí" es "aquí"'. Si no hubiera un "allá" no comprendería el "aquí".

Solamente es posible conocer un "aquí" porque hay un contrario. Si yo estoy en una calle, hay sólo tres posiciones fundamentales: en el medio — y se corre el 'riesgo sobre todo en Brasil de morir atropellado —, en un lado o en el otro. Las demás son aproximaciones a estas posiciones básicas.

 

Los políticos y los educadores políticos, nunca debemos olvidar, respetar la comprensión del mundo, de la sociedad, la sabiduría popular, el sentido común

 

Si yo estoy en un lado y quiero ir al otro lado, debo atravesar la calle porque si no, no llego. Y creo que por lo menos hasta el fin de siglo la solución será la misma.

 

Es por esta razón que nadie llega allá partiendo de allá. Esto es algo que los políticos-educadores y los educadores-políticos nos olvidamos, esto es, respetar la comprensión del mundo, de la sociedad, la sabiduría popular, el sentido común. En nombre de la exactitud de juicio que los educadores a veces juzgan poseer, declaran que las masas populares necesitan de esta sabiduría, olvidando que desconocemos la percepción de los grupos populares, de su cotidianeidad, de la visión que tienen de la sociedad. Entonces pretendemos partir de nuestro aquí.

 

No estoy diciendo (como dicen ciertos críticos míos de Brasil que no saben leer bien y a veces no leen el texto que el autor escribió sino que el texto que quisieran que hubiera escrito) que los educadores deben quedarse permanentemente en el nivel del saber popular. Yo creo que hay una diferencia muy grande entre quedar y partir; y yo hablo de partir del nivel en que el pueblo se encuentra, porque alcanzar el aquí pasa por el allá.

 

Esto representa una tensión grande porque está implícita toda la situación de los trabajadores y su desarrollo.

 

Espontaneismo y manipulación

 

Hay otra cuestión que es cómo evitar caer en prácticas espontaneistas sin caer en posturas manipuladoras (en Chile dirían “actitudes muñequeras”). La cuestión es que hay quienes piensan que lo contrario a espontaneista es ser manipulador. No, esto no es así. El contrario de estas dos posiciones es lo que yo llamo una posición sustantivamente democrática, radicalmente democrática.

 

A esta altura quiero decir que no hay que temer pronunciar la palabra democracia. Porque hay mucha gente que, al escuchar esa palabra la asocia con social democracia; inmediatamente con reformismo. Cuando la escucho, la asocio con socialismo, con revolución.

 

Cuando escucho la palabra democracia, la asocio con revolución, con socialismo.

 

Otra virtud es la de vivir intensamente la relación profunda entre la práctica y la teoría, no corno yuxtaposición, como superposición, sino como unidad contradictoria. De tal manera que la práctica no sea sub-teoría, sino que no puede prescindir de la teoría. Hay que pensar la práctica para, teóricamente, poder mejorar la práctica.

 

Hacer esto demanda una fantástica seriedad, una gran rigurosidad (y no superficialidad), estudio, creación de una seria disciplina. Esta cuestión de pensar que todo lo que sea teórico es malo, es algo absurdo, es absolutamente falso. Hay que luchar contra esta afirmación. No hay que negar el papel fundamental de la teoría. Sin embargo, la teoría deja de tener cualquier repercusión si no hay una práctica que motive la teoría.

 

La relación entre práctica y teoría no puede ser de superposición, sino de unidad contradictoria.

 

Yo creo que el tema de la formación de los educadores populares es un capítulo fundamental. Deberíamos profundizar este aspecto como lo hemos discutido en las sesiones del Consejo de Educación de Adultos de América Latina, del cual me han elegido Presidente.

 

Paciencia e impaciencia

 

Otra virtud es la de aprender a experimentar la relación tensa entre paciencia e impaciencia, de tal manera que jamás se rompa la relación entre las dos posturas. Si uno enfatiza la paciencia cae en el discurso tradicional que dice “Ten paciencia, hijo mío, porque tuyo será el reino de los cielos”. El reino debe ser hecho aquí mismo, con una impaciencia fantástica.

 

Ahora, si nosotros rompemos esta relación (que es tan dinámica como la de teoría e práctica, existencia y ser) en favor de la impaciencia, caemos en el activismo que olvida que la historia existe. En nombre de una postura dialéctica revolucionaria caemos en idealismo subjetivista. Pasamos a programar, a detectar una realidad que solo existe en la cabeza del revolucionario. No tiene nada que ver con la realidad. Está fuera de ella.

 

Debemos ser pacientemente impacientes, o impacientemente pacientes

 

Aprendí estas cosas (buenas o malas) de un hombre de práctica, la que nunca fue individual porque vivía en la práctica social. Nunca pude conversar con él, porque lo mataron antes que pudiera conocerlo personalmente. El desafío de estudiar una obra, una práctica: fue Amilcar Cabral, el gran líder revolucionario de Guinea Bissau. Él tenía exactamente esta virtud, que también tienen los compañeros queridos de Nicaragua, quienes son pacientemente impacientes o impacientemente pacientes. Nunca solamente pacientes y nunca solamente impacientes.

 

Esto tiene que ver con la comprensión de lo real, de los límites históricos que, por lo mismo que son históricos, nos castigan cuando desobedecemos sus leyes. Esto es lo que los educadores tenemos que crear en los otros.

 

Lectura del texto y del contexto

 

Finalmente diría que todo esto tiene que ver con la relación de la lectura del texto y la lectura del con-texto del texto, o del contexto del intelecto Esto es una de las virtudes que deberíamos vivir para dar testimonio a los educandos, cualquiera que sea el grado de instrucción (universitario, básico o de educación popular), la experiencia indispensable de leer la realidad, sin leer las palabras. Para que incluso se puedan entender las palabras. Toda lectura de texto, presupone una rigorosa lectura del contexto.

 

Toda lectura del texto presupone una rigurosa lectura del contexto - edad media en el siglo XXI.

 

Finalmente quiero hacer mías las palabras que se han dicho aquí sobre Fray Leonardo Boff. Es necesario ver cómo un hombre que defiende la palabra contra el silencio, entiende la tensión entre la palabra y el silencio. Quería dejar aquí públicamente mi protesta por esa invasión ensañada de la Edad Media en pleno Siglo XXI.

 

Despedida

 

Ahora, mis amigos y amigas de Buenos Aires querido, quisiera, si pudiera, irme a escuchar tangos, como lo hice ayer. Les pido que me excusen porque a los 63 años no tengo la valentía de continuar con Uds. Por eso voy a hacer una incongruencia: no voy a hacer diálogo, no voy a escuchar preguntas porque estoy cansado, perdónenme. Les envío un abrazo y les prometo estar aquí en noviembre, para la Asamblea Mundial de Educación de Adultos.

 

¡Muchas Gracias!

                                                          

 

[1] Observem que o título está corrigido por mim. No original está: INAUGURACIÓN DE LA ASAMBLEA MUNDIAL DE EDUCACIÓN DE ADULTOS – 1985. Eu estava a seu lado na mesa de debates e posso atestar que na verdade esta fala foi anterior, e realizada no Teatro San Martin durante os dias da reunião do CEAAL no Hotel Bauen, em Buenos Aires. A fala de Paulo Freire ao final da Assembleia Mundial de Educação de Adultos é outra e nunca a vi publicada.  A palestra de Paulo Freire no San Martin foi publicada em um pequeno “cuadernos de CEAAL”, com o título: Paulo Freire em Buenos Aires.

 

[2] Jorge Alberto Taiana, Ministro de Educación de la República Argentina entre 1973 y 1974.

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