Primer muerto por coronavirus en Argentina o… la repetición de una historia
de tortura y desaparición.

Liliana Dulbecco
(con la colaboración de Cecilia Heredia)

En el artículo Detalles exclusivos del caso fatal de coronavirus: “Lo que pasó en el Argerich fue terrible” [1], Luis Contreras relata su odisea en el hospital porteño junto a Guillermo Gómez, el primer fallecido de esta enfermedad. La historia de la militancia en el Movimiento Villero peronista con su amigo, quien se había exiliado en Francia tras ser secuestrado por la dictadura.[2]

 

El primer muerto por coronavirus, en la Argentina y en América Latina, tiene un nombre y una historia. Se llamaba Guillermo Gómez, fue militante del Movimiento Villero en la década del setenta, torturado y desaparecido, exiliado en Francia, había retornado al país hacía algunos años.

Tenía una compañera y una hija, a la que fue a visitar a Francia, regresando al país el veinticinco de febrero. Falleció el siete de marzo.

Relata su amigo de militancia y de toda la vida que Guillermo asistió tres veces a la guardia del Hospital Argerich.  La última vez fue llevado en taxi por su amigo y esperó en la guardia más de cinco horas. Cuando pasó una Dra. a quien le explicaron la situación, recién allí, le dieron un barbijo y lo aislaron.  No le advirtieron en ningún momento los riesgos que corrían él y su entorno.

Había estado cuatro días con fiebre, se llamó al 107 en dos oportunidades y se explicó claramente la situación: viaje previo a Francia y fiebre. La primera vez no mandaron la ambulancia argumentando que había desinfección, la segunda vez, que estaba restringido el servicio de emergencia.

Ni el SAME ni el Hospital Argerich activaron el protocolo correspondiente a la enfermedad.

-El primer muerto en Argentina- repiten los medios de comunicación.

También hicieron mención a las muchas enfermedades preexistentes del paciente, haciendo recaer en el individuo la causa del problema, en lugar de mencionar el deterioro del sistema de salud público por el abandono del Estado.

Se difundió que esta enfermedad hasta ahora mató, en su gran mayoría, a gerontes con debilidades orgánicas preexistentes, debido a otras patologías previas, lo cual es cierto.

Se tendió a naturalizar que la nueva enfermedad solo ataca a los viejos y a los enfermos para justificar la inacción de los gobiernos y priorizar los intereses económicos por sobre la vida humana.

Un claro ejemplo de “viejismo”[3]: conjunto de prejuicios contra la vejez, donde subyace la representación de que la vida de un joven vale más que la de los viejos y los enfermos.

No se hizo hincapié en el deterioro de la atención pública de la salud, por causa de políticas públicas equivocadas o negligentes, que no se corresponden con las necesidades más acuciantes de los pueblos y de sus grupos de riesgo.

Subestimaron el problema argumentando con una postura paralizadora que el dengue, el sarampión y la gripe común matan más que el coronavirus, escondiendo que no se aplican políticas de salud en la lucha contra estas enfermedades que estén bien dirigidas a las poblaciones en riesgo, por desidia e inacción de los distintos gobiernos.

Faltaron tomar previsiones, que tomen en cuenta el desarrollo de esta virosis, que se adelanten mejor a lo que pueda suceder para así dedicar los recursos económicos y tecnológicos que ya existen o que se están investigando.

Los países, por sus intereses capitalistas degradados (ganancias farmacéuticas, de los grupos privados de salud, leyes de patentes, etc.), realizan algunos descubrimientos científicos y tecnológicos aislados. El trabajo en conjunto redundaría en más y mejores descubrimientos e invenciones y, por tanto, en más salud.

¿Qué hubiera pasado si los servicios de salud públicos (línea 107, guardias de hospitales públicos...) donde concurrió Guillermo hubieran actuado con mejor y mayor celeridad? Aunque no podremos contestar certeramente, y aunque no haya garantías absolutas, quizás este paciente que murió a causa de desestabilización orgánica, dada una nueva infección viral sumada a lo preexistente hubiera tenido otro destino.

Seguramente los estamentos de atención de la salud argumentarían que no tenían esas instrucciones en ese momento por parte de las direcciones sanitarias. Lo que seguramente es cierto. ¡Qué descalabro, entonces, en la atención de la salud de la población! ¡Qué falta de previsión!

El primer muerto tiene nombre y apellido: Guillermo Gómez, y lo quieren borrar, junto con el desamparo que sufrió en una situación de indefensión como es la enfermedad.

El primer muerto no tiene entidad como cuando él junto con su esposa estuvieron desaparecidos.

Decía Videla: “Le diré que frente al desaparecido en tanto éste como tal, es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo… está desaparecido.”

De manera similar, en la dictadura se culpabilizó e hizo recaer en el individuo: subversivo, guerrillero, terrorista, la causa que justificó la represión del terrorismo de Estado para acallar a todas las voces que se opusieran a los proyectos de dominación y dependencia.

En la actual situación, como en la anterior vivida por Guillermo, el Estado de forma conjunta y organizada abandona o elimina a sus ciudadanos, con la represión o producto del deterioro del sistema de salud.

Una vez más, Guillermo no fue ni visto ni considerado, ya sea por la desaparición y la tortura o por las esperas interminables en los pasillos de las guardias de un hospital.

Una vez más, muchos callaron y no actuaron frente a estas acciones, ya sea la población que “no sabía” o miraba para otro lado, ya sean las personas que hicieron caso omiso a su obligación de resguardar la salud de los pacientes.

Guillermo Gómez, militante popular, ex - desaparecido, fue víctima de un sistema público de salud deteriorado por los sucesivos gobiernos. Con las consecuencias que esto acarrea a nivel institucional, la despersonalización, el destrato, el abandono, la falta de cuidado. En definitiva, el secuestro de la subjetividad y la violencia ejercida hacia la poca humanidad que nos queda.

En definitiva, esta pandemia no hace más que sacar a luz el colapso del sistema de salud público argentino, también deja en evidencia las consecuencias de priorizar las ganancias capitalistas por sobre el bienestar y la salud de las poblaciones.

                                                          

 

[1] Por Franco Mizrahi - Nicolás Lantos

 

[2] En https://www.eldestapeweb.com/nota/detalles-exclusivos-del-caso-fatal-de-coronavirus-lo-que-paso-en-el-argerich-fue-terrible--20203913260

[3] Término acuñado por el Dr. Salvarezza, médico psicoanalista, especialista en tercera edad, ya fallecido.

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